EL COLE VUELVE A SONREIR

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Alonso García Velasco Catalán

El letargo forzado a cabo y aquellos seres sencillos e inocentes que bien llamamos niños, regresaron al cole con ilusión y emoción. 

Sin lugar a duda, tanto la ilusión como la emoción rodean a las familias que en su seno albergan el futuro del mañana, a esos niños y niñas que sin perder momentos de alegría han cumplido rigidamente con una época que sin ser elegida llegó y hasta la fecha se quedó. Pasaron días, semanas y meses hasta la fecha tan deseada, hasta la fecha tan pensada, la puerta lentamente se abrió y aquel majestuoso patio decorado para la ocasión se iluminó en los ojos de ese puñado de niños que esperaban cargados de buenas nuevas. 

Podríamos hablar, o mejor dicho transcribir una vez más, lo repetido y conocido hasta la saciedad sobre la llamada “nueva normalidad”, protocolos, directrices y normas, así como palabras de calado sanitario y nuevas para los profanos en la materia como hidrogel, mascarillas y una larga retahíla de índole similar que rodean la vuelta al cole, pero permítanme escribir sobre lo que considero esencial entre la simbiosis que nace niño & maestro; precisamente fue la maestra de mi hija quien al decirme “el cole vuele a sonreír” dio sentido a este puñado de letras. ¿Qué sería de nosotros sin la sonrisa, y por ende sin la felicidad? Pues seguramente seres incompletos para lo cual no fuimos concebidos.

La sociabilidad, pues somos seres sociables, nace en  nuestros niños a través de los colegios, quienes los acompañan, guían y enseñan en la ardua labor del crecer. Y sí digo ardua; porque para los niños la vuelta al cole, por supuesto cargada de ilusión y emoción como decía al principio, también supone un camino importante que recorrer y afrontar. La vuelta al cole no deja de ser algo tan importante que seguramente pudiera ser inherente a la conciliación humana, ese efecto sanador mental del hablar, del estar y del sentir, que sólo se aprende en la escuela. Sin lugar a duda la vuelta al cole, no exenta de riesgo, aunque, ¿hay algo que no implique un riesgo?, ha inundado los amaneceres de nuestro querido Daimiel, que se despierta a la voz sencilla y amorosa de cada madre al levantar a su hijo, al olor del desayuno recién preparado el cual espera junto al bocadillo, la mochila, la ropa y el calzado de estreno.  La vuelta al cole que termino de reflexionar seguramente encaja, o al menos para un daimeleño más, en esa frase que seguro que ustedes reconocen y que me tomo la licencia de reproducir “Lo esencial es invisible a los ojos” (Autoría de Antoine de Saint-Exupéry)( El principito). Así es la vuelta al cole de nuestros niños y niñas, esencial, vital y natural.

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