LA CAÑA HABLADA DEL PISCIS

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Personas mayores y jóvenes se dan cita en el Piscis , en la plaza de España de Daimiel. La experiencia y la ilusión comparten buen beber y buen yantar.  Para los veteranos, el vino es como la leche para los niños. Para la juventud madura, la caña es el toque revitalizador para continuar jornada. Y es que nuestra vida interior necesita casa confortable y buen papeo. Son parte de las cosas buenas de la vida. Pero es importante saber elegir. Y a tiempo. Hay que tomar la caña o el vinito en momentos oportunos, mejor al sentirnos felices, nunca si nos sentimos desgraciados. “Una caña bien tirada, por favor”, demanda el parroquiano, “marchando…”! responde con voz enérgica y servicial a la vez el experto “tirador”, barman de noble oficio, tabernero de alcurnia, mesonero de postín.  Unas migas de tapeo si lo desea vuesa merced, recién guisadas en los hogares del arte culinario del lugar, acompañan la comanda servida rauda y veloz por el cantinero del Piscis, que no de Cuba.

Los amigos se reúnen y comienza la conversación, es el momento de la “caña hablada del Piscis”, hora de conversación. Salud, familia, fútbol, toros, política, cotilleos, murmuraciones, sociedad…, todo tiene cabida en la caña hablada que, sin duda, sabe mejor. Esa caña bien tirada con ángulo de cuarenta y cinco grados, llenado del vaso cilíndrico en sus tres cuartas partes y el resto coronado hasta la cima por espuma, que fluye de modo mágico al situar en vertical el vaso respecto al grifo, con “cholrritones” rebosantes del burbujeo espumoso, cerveza fresquita, cuyo primer trago no tiene ni admite comparación alguna, momento estelar de la reunión, con las cuatro marcas posteriores en el interior de la cañita, cuatro recuerdos cilíndricos con espuma de los cuatro tragos con que degustaste la primera de la jornada. Una buena caña bien hablada, cura la tristeza, nos pone en nuestro lugar, sin olvidar que en la primera caña, el parroquiano bebe y degusta cerveza, en las siguientes se equilibra la apetencia; a partir de la cuarta, la cerveza se bebe al cliente, se suelta la lengua y los secretos dejan de serlo.

En el Piscis no “dan caña”, más bien por el contrario, sirven conversación, noticias, empatía cercana, chascarrillo, costumbrismo, cultura…, conversación alegre, cháchara cómoda y sencilla.. y si hay que discutir, se discute como Dios manda, en el mejor sentido de la palabra…, el caso es comunicarnos, hablar;

la caña hablada del Piscis es otra cosa, conlleva contacto, intercambio personal, comunicación aprendizaje, cultura…, entre pinchos, refrigerios, piscolabis, tentempié , con buen rollo y alegría. Corto, caña o doble que más da, en el Piscis nadie resbala ni cae, se saborea la caña hablada.

Quienes llevamos más tiempo en esto de vivir, nos nutrimos de estos ratos, siendo la caña, de barril o de vino, nuestra leche, que nutre, vigoriza y estimula nuestros sentidos. En el Piscis, en la Plaza, la caña hablada ni es vicio para el cliente ni oficio rutinario para el cantinero, sino ritual para ambos dos inclusivamente, expresión que me acaba de brotar. Un arte lo de la caña bien tirada, bien degustada y bien hablada, en mesa o en barra, “apescao”, en ambos casos relajaos, entre el runrún al oído y el olfato en alerta, olisqueando lo que se perpetra en los fogones, con fondo de ajo y aceite que espabila los sentidos, excita y anima la charla de parroquianos fijos del lugar, avivando el interés por aquello que se cuece y que en breve degustarán. El chisporroteo inicial ya hipnotiza.

Alguien dijo que la vida no se ha hecho para comprenderla , sino para vivirla. Lugar ideal para los buenos ratos, este icónico Piscis de Daimiel, con la práctica necesario y los años precisos para convivir y “conbeber”. Treinta y tres años en la Plaza de España, dando caña y plática. Miguel , Jose y Manuel , mantenedores y artesanos de la caña hablada.

“La caña hablada no sabe igual, la caña hablada  con una buena conversación, sabe mejor”. Manolo dixit.

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