RETAZOS DE FERIA

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Transcurridos ya quince días desde la pasada Feria, reflejamos en este artículo algunas anécdotas y vivencias acaecidas durante la Fiesta Grande de Daimel, seis días de celebraciones a cada momento y por cualquier motivo, para eso estamos de feria y la gente disfruta, convive a gusto y se lo pasa “pipa”.

“Pipa” se lo pasaron quienes asistieron a los conciertos del Auditorio, según nos informan, más de veinte mil personas entre las siete noches “concertadas”, llevándose la palma el onubense Manuel Carrasco y el festival “Viva la Fiesta”, plenos de música, agua, luz y color. El artista de Huelva sorprendió al personal arrancándose por bulerías con letra entrañable, precisa y tocando la fibra sensible de los daimieleños presentes, con alusiones al “Niño Perdido”, los “moraos”, las migas, Las Tablas, memoria histórica del amor en los Galiana, a la Virgen de las Cruces, el embrujo de Daimiel, La Motilla, los encuentros del Viernes Santo, “Chuchos y Borregos”, brotando lágrimas de emoción entre algunos de los presentes y quienes aún contemplan el vídeo con ese retazo que se hizo viral por internet, qué noche más bonita la que nos regaló este popular y admirado, ahora aún más, Manuel Carrasco.

Y eso que en los días previos de feria, con motivo del Pregón de la misma y de la imposición  de la Medalla de Honor de Daimiel al insigne Manuel Blanco, el trompetista internacional deleitó a la abarrotada Plaza de España con un concierto de muy alto nivel, que produjo el éxtasis musical frente al Olivo Milenario, otra noche apoteósica que ha quedado para siempre en el recuerdo del pueblo de Daimiel.

Y la lluvia, ¡ay la lluvia!, que hizo su aparición cuando menos lo deseábamos los aficionados taurinos. Hubo que suspender el espectáculo cuando mejor pintaba, con toros y toreros del agrado del respetable y con un novillero local, Carlos Aranda, acartelado, actuando y cumpliendo entre figuras que rozan las alturas del escalafón, discípulo que va adquiriendo sabiduría y más al rozarse con los grandes; y todo ello, aguacero incluido, televisado en directo por Castilla La Mancha Media, con un muy alto índice de audiencia. Otro año más será para casi todos, porque algún muy aficionado de aquí, se zampó con toda la pachorra del mundo su bocadillo entre el aguacero, sin protección alguna, enzarpao de la cabeza a los pies, mientras exclamaba con voz pausada “pos no sois delicaos…”, dirigiéndose a quienes buscaban refugio y corrían por los tendidos. El humor, desde luego, nunca sobra, viene bien para cualquier ocasión.

Y en el “merendero Las Vegas”, cuarenta años en la feria de Daimiel, Joaquín el camarero servía botellines y chatos de vino a una “partida” del lugar, mientras se asaban pollos desde su atenta mirada y conversaba con los susodichos parroquianos acerca del aceite de oliva de su tierra, Jaén, sirviendo catejas del preciado elemento, orgulloso de su patria chica y seguro de que nos iba a gustar con tomate y sal incluidos, buena combinación, a la vez que lanzaba a los presentes en la tertulia de barra su particular versión acerca de la enseñanza en España, necesitada de profesores competentes, mientras él con título de Magisterio y Oposición superada, esperaba con paciencia destino profesional mientras se sacaba unos cuantos euros de feria en feria…

Y no digamos ná del abuelo joven, atrevido, que osó compartir asiento con su nieta en una diabólica atracción de feria donde no se permitía el acceso a menores si no iban acompañados por personas sensatas. La insensatez de este abuelo, por complacer a su nieta, le produjo un caos transitorio cerebral, ya que cuando el satánico artilugio se puso a dar vueltas sobre sí mismo y alrededor del infierno, con cambios violentos y bruscos de posición, de horizontal a vertical, de arriba hacia abajo, a velocidad vertiginosa y con música de fondo a todo volumen que dirigía Lucifer haciendo más enloquecedor el viajecito, con el cuerpo sujeto con arneses sólidos y cinturón de seguridad que no permitían la huída por motivos de seguridad, mientras el abuelo descompuesto y con los ojos en blanco, rezaba por que acabase cuanto antes el terrorífico martirio, entre la algarabía y diversión de su nieta, muy preocupada por el estado físico y síquico de su abuelo cuando vio el lamentable estado del mismo tras el aterrizaje final. Cerebro descolocado y costillas en claro deterioro, aún hoy aconsejan recuperación y reposo al temerario abuelete. Nos comentó días pasados que tras la espeluznante experiencia de hogaño, en la feria próxima la va a acompañar su padre.

Y el día de la romería, “La Morenita” estrenó su nueva casa, con un patio central en el Santuario, reformado con buen gusto para muchos años, con presencia masiva de daimieleños en tan histórica jornada, Banda de Música – siempre presente en las grandes solemnidades –, y panceta, botellines, chorizos y paella solidaria, que no sólo de pan vive el hombre.

Cabezudos, deportes, chupinazo, pirotecnia – antiguamente “cobetes”–,  baile del vermut con siestas descacharrantes y memorables para los convecinos próximos a la plaza, afectados de “jet-lag” al término de la feria, tardando cada vecino una media de siete días en volver a su ser. Alfombra floral, función religiosa, ausentes, teatro, motos, caballos, tractores y coches de época, pesca, Uva y Vino clásico tradicional en El Carmen, jotas – ¡qué viva el folclore! –, gran prix y jornadas de Astronomía, que en esta feria nos hicieron ver las estrellas. Y entre medias amor, mucho amor… El año que viene, más.

EEEEEOOOOO

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