UN DÍA EN LOS COMICIOS

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Algunos componentes de la mesa electoral, no nos conocíamos más allá de vernos por la Plaza o el Parterre, o sea, de vista. Pero he aquí que el azar nos reúne en fecha de elecciones para dirigir una mesa electoral del centro de nuestra población. Y surgió la cordialidad, la buena relación, las chanzas y el entorno que terminó por unirnos en pro de una buena gestión democrática, como es ordenar y coordinar esta honesta labor en día de elecciones para que al final de la jornada se ajusten los datos de las urnas con la máxima perfección. Jóvenes preparados y personas con algo más de veteranía en esto de cumplir años, vivimos y experimentamos una jornada de votaciones que nos hizo concienciar acerca  del significado de la democracia entre los ciudadanos de Daimiel, que se lo toman con la seriedad que el sistema requiere. A las ocho de la mañana, e incluso antes, ya se encontraban dispuestos los elegidos al azar para dar comienzo la función. Presidente, vocales, sustitutos e interventores, puntuales en la cita. Saludos, presentaciones y manos a la obra. Los novatos se dejan aconsejar y llevar por quienes repiten actuación. Todo se dispone, mesas, urnas, papeletas, sobres, impresos, actas, ánimo y tranquilidad. Espera una larga jornada de dieciséis o diecisiete horas de duración. Y, a las nueve en punto, comienza la tarea.

Una clásica estampa de marido y mujer inauguran la votación. Son los más madrugadores, esperando incluso la apertura del colegio electoral. Figura en nuestro censo otra persona con 107 años que suponemos que no ejercerá el derecho popular. Entrañables señoras nonagenarias, conducidas en carrito o con su propio andador, depositan el voto mientras preguntan por el ánimo de los componentes de la mesa, deseándonos salud y buen día. Padres jóvenes acuden acompañados de sus hijos que gustan introducir por la ranura de la urna el sobre de sus padres: “naranjito”, “blanquito” y “azulín”, recitan algunos de estos peques mientras “encestan” por la abertura. De pronto reparamos en la composición de la mesa electoral vecina, a base de mujeres solamente, sin percatarnos de que la nuestra sólo es de hombres. Los interventores de los distintos partidos se muestran colaboradores en todo momento. Monjas de clausura, algunas en silla de ruedas, interrumpen su retiro para depositar su voto con sonrisa beneplácita  y actitud ceremoniosa. Se organizan las primeras colas ante las improvisadas cabinas cerradas por cortinas de “alto diseño” que procuran intimidad a los electores celosos del secreto de sus votos. Los apellidos y nombres compuestos ocasionan acortamiento y reducción de la letra del vocal escribiente para no salirse de los márgenes del impreso oficial, agradeciendo a los pocos daimieleños con apellidos llanos que sean herederos de tan cómodos patronímicos. “Gracias por llamarte así”. Bastante Moreno, y a fe que lo era, asintiendo el votante en el tono de su tez por su exposición al sol en labores agrícolas. Mariano, así conocido y llamado por familiares y allegados, en realidad responde en su DNI al nombre de Macario, anécdota que se repite en cada votación con el correspondiente visto bueno de la mesa, ya que no coinciden ambos nombres en el listado del censo y el carnet. Los políticos meritorios del voto, nos visitan con afecto y exhibiendo su mejor sonrisa, mientras las televisiones van grabando imágenes de ellos, de los votantes y de las mesas. Buen ambiente en la fiesta electoral con la que ya estamos comprometidos casi todos. Algunos impedidos, que sí pueden, esforzándose con ayuda o por si mismos hasta depositar el voto. En algunos momentos se originan colas ante las cabinas “secretas” estando las mesas sin “clientes”, produciéndose también el surrealista instante en el que un votante espera paciente mientras los mandatarios de la mesa degustan el sorpresivo regalo del veterano y eficiente funcionario Juan Pablo, el gran Juan Pablo, ejemplo de servicio público a su pueblo, comprometido con agrado y resolviendo sobre la marcha, obsequiándonos con café y un enorme y exquisito bizcocho, en su punto de horneado, esponjoso y rico, rico, rico…, gracias Juan Pablo, que además, y antes del medio día, nos entregó las dietas a los integrantes de cada mesa electoral.

Jornada y experiencia agradable, entretenida y anecdótica, no nos aburrimos, culminando el día con el momento cumbre, el recuento de votos, cerca de 1.300 en 3 urnas, que provocan pesadez entre los miembros activos de la mesa. Nuestra pesadez es la ilusión de quienes esperan cuanto antes el resultado y el anhelado triunfo. Desilusión y alegría, sonrisas y lágrimas en función de las expectativas y la realidad de las urnas. La democracia es así.

Así se vivió desde dentro la fiesta de la democracia en una mesa electoral de Daimiel. Los resultados ya los conocen: Leopoldo Sierra, por el PP, elegido con mayoría absoluta Alcalde de Daimiel durante cuatro años más, con diez sillones en el Pleno Consistorial; el PSOE, encabezado por Miguel Rodríguez obtiene seis puesto en la bancada municipal; mientras que Unidas-IU permanece con un solo portavoz, el incombustible Galo Sánchez-Bermejo.

Y hasta aquí, lo acontecido un día en los comicios de Daimiel. Dentro de cuatro años si Dios quiere, volveremos a informar.

EEEEEOOOOO

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