¿Es menos bella la luna cuando nadie mira?…

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Conversación II

José Pozuelo

-Pues no lo creo, no.

-Ah, ¡qué estaba usted ahí! No le había sentido.

-Y recitaba versos en voz alta…

-¡Claro! como cantan los pájaros, así intento hacerlo… el verso, como la luna, tiene valor en sí mismo.

-Pero si somos dos tablas del paseo…

La otra pieza, pesarosa, responde.

-Lo sé… ¡Yo! ¡Que antes fui árbol! Ahora soy un madero… Me pisan para cruzar el agua… Llevo observándoles largas estaciones. Ahora es costumbre que lleven su mirada a lo que parece una tabla, como yo, y tú lo habrás observado también. ¿No te resulta retorcido? La presionan con minuciosa precisión y en ocasiones hablan con ella en la cara o la dirigen contra alguno de los patos o el Sol. Hacia ellos mismos… con obsesión.

-Te confundes si piensas que esa tabla es como tú o yo. Es maravillosa. Puede revelar conocimiento, o hacerlo llegar instantáneamente sin importar la distancia. ¡Las implicaciones son inmensas!… Sin embargo, operar a través de la tabla exige su dedicación constante y de dominio. Les arrastra fuera de lo que ocurre en sus vidas, se los lleva y uno juraría que durante esos instantes se ve un autómata que opera la tabla con diligencia. Repasando mis recuerdos pareciera que sea ella quien le controla a él. Sospecho que tiene una influencia oscura en ellos, pues en sus delirios hablan de estar compartiendo o socializando y yo sólo les veo operar a través de…eso. Parecen inmunes a estas incongruencias con lo que de hecho está pasando. Sin ir más lejos, el otro día una pareja de jóvenes se apoyaron (en lo que me pareció algún tipo de ritual) justo aquí, pues es el mejor lugar para observar el atardecer. Mas cuando estaba ocurriendo, pusieron frente a ellos la tabla y no la movieron hasta que hubo acabado y se fueron, ofreciéndoselo.

Abatidas las dos, pero continúa un poco más:

-Hay algo que me pesa. ¿Qué tecnología es la más poderosa? ¿Acaso esa tabla? ¡Bien sabes que no, tú que tantas y tantas vueltas le has dado al Sol! ¡Es el hombre! A todo se presta atención salvo al formidable mecanismo humano… Se creen libres y son esclavos.

-¿Cómo? Tú y yo aquí, enganchados por ellos, somos esclavos. Sin embargo, ellos son la mayor libertad que habita este universo.

-La mayor posibilidad diría yo… las mayores esclavitudes, las actuales, no vienen de fuera. Tú mismo dudaste de si la tabla no es acaso tan controladora como es controlada. Pues cada vez que se elige, se es elegido y se renuncia a todo lo demás. Y dime, si pudieras elegir, ¿no elegirías una libertad total? ¿No cambiarías el derrotero de tus inercias mentales, o incluso las herencias de otro en muchos casos, por el campo a través? Muchos entienden que ser libre (y cito textualmente) es hacer lo que me sale del co..

-Se lo ruego, no siga, omítalo.

-De acuerdo. Bueno usted sabe de lo que hablo. Y el caso es que al decirlo tienen razón…

La interlocutora, ofuscada, replica:

-Pero no.

-¡Exactamente! Qué pena limitar lo que está hecho para romper constantemente las barreras. Qué resolutivo autoadoctrinarse; yo soy así. Pues cambie oiga. Para crecer ha de mudar la piel, aventurarse por donde nunca pensó que iría; para coger aquello quizá deba soltar esto otro y es mejor no tener dogmas. Uno ha de desprenderse de uno para avanzar. Frases como la mencionada y otras más inocentes son los vicios del pasado atándote. En definitiva, hay más libertad en el que pudiendo acusar, perdona y en el que pudiendo con todo derecho ejercer su libertad, le salga de donde le salga, busca algo más noble que hacer con ella que lo que obedece al minúsculo tamiz de su experiencia. ¡Y qué afán superlativo por exponerlo, previo filtro!

-Es usted un pesimista pretérito. ¡Yo les veo disfrutar, compartir y reírse; que hay de malo en eso, venga de donde venga! No se vaya tan lejos hombre, que se pone muy intenso con estos temas, lo tengo comprobado. ¡La archifilosofía, el tiempo y lo infinito son su obsesión! Como suele decirse, no aclare tanto, que oscurece. ¡Y no son todo sombras!, ¿tan malo es querer dar vida a las cosas y exponerlas a todos para que aunque sea brevemente, existan? De ahí que en ocasiones recite versos al aire como el que oyó al principio, no tienen que gustarle a nadie ni son para nada, su valor no radica en gustar, ni es cuantificable, ni racional siquiera. Sin embargo, ¿no son las cosas que más valora de la vida también las más irracionales?

-¡Un madero existencialista! -Y ríe. Añade con sorna- Estoy más familiarizado con el oriente de lo que presupone y menos encerrado en mi racionalidad de lo que quiere hacerme pensar. Conozco la tradición del Japón de la que su verso es clara imitación. Y no se me ha pasado que copia el estilo de Unamuno, no se crea…

– Entonces conocerá también este otro pasaje… -Toma aire y…

-Ya es suficiente. ¿Cree que no sé lo que está haciendo? Llevarme a su pseudo poesía para embutirme sus existencialismos cuando yo buscaba un un momento de paz. Y no por la paz, llévese sus ideas.

-No se ponga así, esto es una conversación para los dos y sin pretensiones.

-¿¡Qué no me ponga así!? Verá hombre, ¿Qué le hace pensar que puede sermonearnos sibilinamente y dirigirnos donde más le conviene con estas ‘’conversaciones’’? Fariseo… Que no hombre, que no. ¡Váyase a hacer ronronear su ego a otra parte!

Llegados a este punto, a partir del cual me niego a seguir, el diálogo entre estos dos trozos de madera del puente del itinerario del pan degenera rápidamente en una serie de crujidos que los visitantes interpretan como el efecto de la temperatura. Han caído ellos también en la necesidad de dejar bien claro quién es uno, su opinión y por qué es importante que todos lo sepan.

Pues verán, si me preguntan a mi… (Llaman a la puerta, salvándonos de otra tediosa intervención. Dejen un comentario si les ha gustado;)

EEEEEOOOOO

5 Comentarios

  1. Me gusta mucho tu filosofía, aunque en algún momento del artículo, me he perdido. Mucho ánimo y que continúes en esa línea!

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