TRAS EL ÉXTASIS, LA TORMENTA

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Uno del pueblo.

No era para menos. Estalló una gran tormenta tras la explosión de toreo ocurrida en el histórico ruedo del Carmen. Nuestros antepasados aficionados, constructores de esta Plaza, observaron desde arriba uno de los momentos álgidos del arte de Cúchares en el coso que ellos edificaron. Se estremecieron los cimientos por ahí arriba y rompió la fiesta en tormenta. Tras el éxtasis, llegó la tormenta. Lógico. Esto no es la crónica de un “pirao”, es el reflejo digital de un orgulloso aficionado a los toros.

Hace un tiempo que Daimiel no acogía un festejo de tan alto nivel artístico, ante toros de verdad. Faenas de gran calado. Toreo de verdad. Toreo caro. Toreo del “güeno”. Emilio de Justo y Carlos Aranda dibujaron pinceladas para óleos de exposición en galerías internacionales. Lo bordaron. Toreo de primera ante público de primera.

De Justo, torero “revelación” de la temporada, dejó la impronta de quien es, de hecho, alguien importante en este difícil mundo. Capote, muleta, naturales de cartel, redondos de profundo sabor… torería en todo momento, ante morlaco bravo y colaborador. Despaciosidad controlada por el artista de la franela. De no fallar a espadas, el triunfo de tres orejas habría sido aún mayor. Qué gran recuerdo deja en Daimiel el cacereño.

Carlos Aranda salió por la Puerta Grande, abriendo además la puerta de la esperanza para la afición daimieleña, ilusionada ante el prometedor futuro de su novillero. Ante su segundo, el de Daimiel plasmó en la arena lances y muletazos soberbios, de gran calado y exquisitez. Templó, mandó y desde la estética llegó a los tendidos, totalmente entregados a la meritoria labor ante el que cerró plaza. Quites artísticos y con riesgo, naturales templados y a cámara lenta conduciendo al astado con delicada finura, novillo bravo que sirvió para descubrir a un gran torero. Evolución muy positiva y madurez torera la de Aranda.

Padilla también existe. Entregado, fiel a su estilo, honrado a carta cabal, se metió al público en el bolsillo desde el primer minuto, tras la emotiva despedida en Daimiel, muy sentida por “el ciclón de Jerez”, que desarrolló su poderoso toreo de capa y muleta ante un primero que propició un susto inicial al recibirlo de rodillas con larga cambiada. Apuro inesperado con salto ágil y rápido al otro lado de la talanquera, que no impidió una poderosa faena al burel, rematada con estocada fulminante y dos orejas al esportón. Se le homenajeó al romperse el paseíllo con clamorosa y prolongada ovación del respetable, que le recordará para siempre desde Daimiel.

Público de inédito comportamiento en nuestra Plaza, no era para menos ante lo que acontecía en el ruedo. Momentos de silencio sepulcral, silencio maestrante, silencio venteño…, pero no, era la Plaza de Toros de Daimiel. La satisfacción de los buenos aficionados congregados en gran número en esta memorable tarde, dejó la Puerta Grande muy abierta, de par en par, para acoger la temporada próxima otra tarde como la del 2018, tarde para el recuerdo. El año que viene, más y mejor, si es posible. Regusto entre los aficionados, con ferviente deseo para dentro de un año tras el grandioso espectáculo artístico presenciado el día 2 en Daimiel. Corrida de las que hacen afición, sí señor.

Sincera enhorabuena para la nueva empresa, por este camino avanzamos. El estilo y sello de Tauroemoción quedó reflejado en todo, con detalles que revitalizan a la propia Plaza y a su afición, desde la campaña publicitaria hasta la puesta en escena complementaria de una corrida de toros con categoría. Los apasionados del toreo, disfrutamos de verdad.

Cuatro toros de Guadalmena, bien presentados, con calidad y buen juego en general, destacando el novillo segundo de Aranda premiado con vuelta al ruedo. Muy buena entrada, muy superior a la de los últimos años.

 

Juan José Padilla, dos orejas y oreja.

Emilio de Justo, sustituto de Castella por baja médica, dos orejas y oreja.

Carlos Aranda, oreja y dos orejas.

Los tres espadas y el mayoral de Guadalmena, salieron por la Puerta Grande. Saludó en el quinto el banderillero “Morenito de Arles”, de la cuadrilla de Emilio de Justo. Seriedad en la Presidencia.

Y el año que viene, más.

 

EEEEEOOOOO
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