RAI

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“Rai el del butano”, nos ha dicho adiós. Se acaba de ir otro de los nuestros. La maléfica pandemia dispuso de su vida. Pero nunca logrará anularle de las mentes de quienes anduvimos cerca de él. Mantener el ánimo, con los mejores recuerdos de este popular daimieleño, es el mejor postrer homenaje que se le puede hacer a “Rai el del butano”.

Conociendo su carácter, empatizábamos pronto con un personaje bondadoso y afectivo. Se hacía querer. Ligado desde niño a la familia de “Los Ernesto”, distribuidores oficiales del histórico gas en Daimiel, como hijo de Ramón “el carrero” también ligado a la referida saga, toda su vida mantuvo relación, por este popular trabajo, con gran parte de sus conciudadanos, siendo persona muy conocida y querida por los daimieleños.

Campechano y de buen humor, Bernardino Raimundo Pozuelo Bueno hizo siempre honor a su segundo apellido, desparramando bondad, alegría y buen ambiente en sus círculos próximos, haciéndolo extensivo además al resto de sus paisanos. Las botellas de butano saben de las fornidas manos de Rai; los cercanos a él y pueblo de Daimiel en general, también valoramos su fortaleza de ánimo, con carácter abierto, divertido y burlón.

Nunca olvidaremos las constantes asistencias a los conciertos de la Banda de Música, acompañándonos mutuamente, disfrutando y “viviendo” cada tema que tarareábamos y sentíamos con intensidad, con comentarios “satisfactorios, muy satisfactorios” al término de cada actuación de la Banda. “Atlético” convencido, “reñíamos” con sorna nuestras discrepancias de colores, no exentas de  la “pasión” y controversia deportiva entre madridistas y atléticos. Aficionado taurino y seguidor de Luis Miguel Vázquez, recorrimos lugares, compartiendo vivencias en torno a esta pasión, siendo en otra época de su vida mantenedor de la Plaza de Toros. Realizó otras ocupaciones además, como taxista apto para toda clase de servicios. Amplio currículum desarrollado en su pueblo, Daimiel.

Sus intervenciones en la televisión local, sin aparecer en pantalla, le provocaban momentos de diversión. Preguntar por “la toquilla de madre” en un peculiar programa un tanto surrealista, le arrancaba risotadas desternillantes. Siempre fue animador en reuniones entre amigos, con su habitual buen talante y desprendida disposición.

Echaremos de menos a este entrañable amigo. Quienes le apreciamos, mantendremos un recuerdo eterno para este cordial y sociable personaje de Daimiel. Hasta siempre, Rai.

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