UNANIMIDAD EN LA PROTESTA CONTRA LA GRANJA PORCINA

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(Mensaje en una botella)

Uno del pueblo

En el océano figurado de nuestra Plaza de España, “flotaban” botellas con mensajes al unísono en contra del fantasma de la macrogranja, que puede que salga de najas en vista de la que le está cayendo encima. Es evidente que Stop Macrogranjas Daimiel, con su tenacidad, está logrando poner en pie de guerra a un pueblo en contra de un proyecto tan indeseado como legal. Sus mentores han de recapacitar, legalidades aparte. Más de cinco mil firmas ya están recogidas en contra  de la ubicación de este proyecto empresarial en las inmediaciones de Daimiel. A medida que avanzan las manifestaciones del pueblo frente a la macrogranja porcina y más ruido se provoca, siempre con medios pacíficos, más auge toma esta protesta, ya referida y denunciada por medios de difusión locales, autonómicos y nacionales, que se hacen eco de esta disconformidad popular.

“Existe unanimidad en rechazar la instalación de una macrogranja de cerdos en Daimiel” (Leopoldo Sierra, Alcalde, apoyado por la oposición). Unanimidad de la sociedad daimieleña, que ya está bien “despachá” de malos olores, llueve sobre mojado y se rebela ante la posible implantación en la localidad de otra empresa generadora de diabólicos efluvios. Daimiel, otrora oasis de la mancha, dice no a la macrogranja.

“Ninguna de las cosas que valen la pena en esta vida, son fáciles de conseguir”; “Hay que seguir luchando, pase lo que pase”…, y muchos otros slogans, figuraban en el interior de cada botella arrojada al océano de la Plaza de España. A ver si estos mensajes llegan a destino idóneo.

Cada vez son más las voces que se alzan en contra de la pestilente ubicación de un centro de guarros en nuestra ciudad, pero no un centro cualquiera, no, una macrogranja con miles de guarros en la vecindad, que hacen “pis” y “caquita”, purines en expresión científica y refinada. Excrementos sólidos y líquidos que perturban el ambiente, con aromas únicos, inconfundibles, extractos de esencia porcina, perfume aterciopelado, fragancia de guarrerías, bálsamo de pestilencias, peste porcina, fetidez grosera para el humano, deshonor para Daimiel en plácidas noches de verano, con cuarenta grados y sueños confundidos entre la mala leche por la pestuza, no poder pegar ojo y el fantasma invisible de asquerosos olores, mientras se dan vueltas en la cama hasta coger la postura…, “amos, que tié cojones la cosa…”

Panorama paradisíaco el que nos ofrece la macrogranja de nuestros sueños. Podría resultar, incluso, un nuevo atractivo turístico para Daimiel. Olor a maloliente gas, expelido desde la granja, macrogranja, mientras los educados viandantes a su paso por la Plaza, balbucean “yo no he sido yo no he sido, pío, pío, que yo no he sío…”, pero el pestilente y hediondo olor, persiste en el lugar…, con slogans como “Daimiel ciudad maloliente, faro de la fetidez”, “compre su tarrito de tufo chucho”, “colonias y perfumes del lugar para las grandes ocasiones”, etc,etc,etc.,..

Con lo rico que está el jamón, la que hay que armar para defender a los pobrecicos cerditos, sueltos y a su aire en las dehesa y campos apropiados, en contra de una vida artificial anti natura. Si no teníamos bastante con la pandemia, flotan en el ambiente aromas de apestosa preocupación. Pestuza, que decimos en Daimiel.  

Guarros y guarras en lenguaje inclusivo, amenazan proximidad vecinal en territorio protegido ante la cercanía del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, Parque Nacional, insistimos, con ecosistema y medioambiente peculiar, que necesita además de más agua, aromas y efluvios naturales que mantengan y atraigan al visitante, turismo próximo y nacional. Perturba e inquieta la posible descomposición que afectaría al ecosistema de Daimiel. Amén.

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