AÑORANZA TAURINA

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A cualquier aficionado taurino de la localidad le gustaría a estas alturas del año poder elegir entre la amplia y variada oferta que, sin salir de la provincia, cada temporada ofrecía, entre ferias, festejos o certámenes de jóvenes promesas. La desgraciada irrupción del covid ha dado al traste con las ya de por si dificultosas y complicadas temporadas, superadas en los últimos años por el empeño de empresarios jóvenes, emprendedores y, por encima de todo ello, devotos de la tauromaquia. Las instituciones públicas, a pesar de las opiniones contrarias al mundo de los toros entre algunos de sus componentes, sacaban adelante apoyos y sufragios a la Fiesta Nacional.

Pero que si quieres arroz, Catalina. Las circunstancias sanitarias, asimiladas y entendibles por todos, relegan a límites insospechados tan destructivos y en tan poco tiempo. Los desfavorables momentos hacen peligrar no sólo el futuro de los toros como espectáculo, sino la consecuencia negativa hacia miles de puestos de trabajo en el sector. Toreros, subalternos, ganaderos, empleados agrícolas, técnicos en zootécnica para cabañas bravas o ganado de raza, especialistas en mantenimiento de flora y fauna autóctona…., y un sinfín de actividades profesionales ligadas al premio de la crianza brava, observan con preocupación un futuro inmediato, con más sombra que sol.

No es necesario un criterio unánime entre aficionados y críticos del mundo taurino para reconocer a la fiesta de los toros como parte de las costumbres e historia de nuestro Daimiel. No olvidemos que las costumbres crean leyes “per se”, sin descuidar la referencia cultural en nuestra España, asimilada por multitud de españoles, con la pasión, el deleite e incluso la polémica que ello conlleva. Y en nuestro pueblo en la historia taurina reciente, mucho de ello hay, con un Luis Miguel Vázquez liderando el escalafón local, en espera de la próxima continuidad del prometedor novillero Carlos Aranda , a las puertas de la alternativa.

Desde el respeto a la división de opiniones, pluralidad de criterios y educación cívica, la mayoría silenciosa amante del arte de Cúchares, nos sentimos vacíos, aunque no olvidados, porque seguro que de ésta salimos todos con bien, porque Dios repartirá la suerte implorada cada tarde de toros al inicio del paseíllo tan añorado en este 2020. Un pueblo como el nuestro, de fuerte tradición taurina, con plaza histórica, monumento a la solidaridad construida por los propios daimieleños, ha de recobrar más pronto que tarde el ambiente propio de una tarde de toros con cartel de primer nivel.

Manzanares, La Solana, Almadén, Santa Cruz de Mudela, Alcázar , Almagro, Bolaños, Daimiel, Herencia, Villarrubia, Pozuelo, Pedro Muñoz, Piedrabuena, Socuéllamos, Tomelloso, Torralba, Valdepeñas, etc, junto a las legendarias ganaderías que pastan en nuestra provincia, arden en deseos de cerrar carteles que permitan la apertura de sus plazas de toros para contemplar in situ el arte de lidiar toros, “elemento vertebrador de la sociedad española”, en palabras del actual alcalde de Madrid al referirse a la tauromaquia.

La gente del toro en general, desde la educación, el respeto y la tolerancia, todo ello demostrado temporada tras temporada, acepta la situación, pero acumulando fuerza y almacenando anhelos y pasiones, con ansia de ocupar tendidos, contemplar festejos y disfrutar de la afición. Toreros de renombre y ganaderías prestigiosas para el soñado espectáculo, aunque sea con mascarilla.

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