EL BANDERÍN DE LA ASOCIACIÓN FOLKLÓRICA “VIRGEN DE LAS CRUCES”

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El banderín de la Asociación Folklórica “Virgen de las Cruces” tiene un gran valor patrimonial y sentimental para cada uno de los miembros que forman y han formado parte de nuestra Asociación, siendo una obra de bordado realizado por las carmelitas descalzas de Daimiel entre los años 1984 y 1985, de ahí el importante valor artístico que alcanza.

Las monjas carmelitas descalzas llegan a Daimiel en el año 1599 por la promesa del hidalgo Gonzalo de Oviedo y Vasallán de hacer donación de un nuevo monasterio para ellas. Incluía la promesa una casa, celdas, huerta y hacienda, e incluso el General de la orden había aceptado la fundación a fecha 7 de enero de 1599. Al llegar las monjas al pueblo descubren que el hidalgo había fallecido y que existían numerosos problemas con su herencia, con lo que se quedan sin el convento y pasan a ocupar unas casas respetando el voto de pobreza y austeridad.

En el año 1615, los monjes que estaban en Daimiel desde el año 1583 en un monasterio bajo la advocación de San José, se trasladan a un nuevo monasterio a las afueras de la villa y les ceden a las religiosas descalzas el antiguo edificio que cambia de advocación pasando a ser de la Virgen de la Paz.

Las carmelitas descalzas habitan el convento hasta el año 1981 cuando lo abandonan por el estado de deterioro en el que se encuentra. Se mantiene la Iglesia de la Paz que pertenecía al mismo conjunto arquitectónico y que hasta nuestros días ha logrado conservarse en mejor estado. Finalmente las monjas se instalan en un nuevo monasterio a las afueras de Daimiel donde aún mantienen su actividad.

Algunas de las labores de estas religiosas era la realización de bordados y serían las manos de estas monjas las que dejaran un importante patrimonio para nuestra Asociación como es el banderín que antecede cada presentación y puesta en escena de la Asociación Foklórica “Virgen de las Cruces”.

El diseño en su parte delantera presenta una reproducción de Nuestra Señora de las Cruces realizada con hilo de oro, sedas y pedrería sobre terciopelo celeste. Se puede observar la destreza de la realización de varios puntos sobre un soporte de tela de raso de color blanca destacando, por encima de todo, la figura bordada a mano de la patrona de Daimiel.

Destacan las caras morenas de la Virgen y el niño y el azulado manto que viste a la Virgen con un hilo dorado de varios grosores que marca cada uno de los pliegues. Adornan el manto abalorios, piedras y lentejuelas blancas, rojas y rosas y piedras de color rojo y verde que forman una flor en la parte central de la imagen de la Virgen. Sobre la cabeza de esta, podemos ver una toca o mantilla de puntilla de color blanco, al igual que la manga de la mano derecha de la Virgen que sostiene el cetro que simboliza que ella es la Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Daimiel. Subrayamos el manto del niño Jesús hecho completamente de lentejuelas reconociéndose perfectamente sus dos manos. Una de ellas, es la que cariñosamente toca la cara de su madre y la otra, la que sujeta la bola del mundo con un crucifijo encima conformado con perlas blancas y que simboliza que Jesús es Hombre y Salvador, Señor de toda la tierra y a la que redime con su muerte y resurrección. La corona de la Virgen está realizada con un hilo de oro más fino y destellante, culminándola ocho estrellas y en la parte central la cruz del hijo. Del mismo material que resplandece la corona es el rostrillo que rodea la cara de la Patrona. En el centro de la media luna que calza los pies de la Virgen se sitúa una perla azulada y en ambos extremos dos estrellas rojas.

La Virgen se eleva sobre unas nubes bordadas en hilo de oro con un grueso gramaje, mismo material que las autoras utilizan para bordar las cuatro flores inferiores que se muestran decoradas también con lentejuelas blancas y abalorios rojos en la parte central de cada flor y piedras blancas en los extremos de las ramificaciones que las acompañan.

A modo de adorno floral, le rodean dos ramas simétricas bordadas en las mismas técnicas y materiales, destacando el volumen que adquieren los pétalos, a realce.

Termina el conjunto con una banda arqueada en la parte superior y bordada a punto fino con fondo rosado que matiza nuestro fin.

En la parte inferior podemos leer, “Virgen de las Cruces” y “Daimiel”. En todo el diseño observamos tres tipologías de letras, bordadas todas ellas con hilo de oro y completamente a mano y donde se aprecia en la parte inferior, la gran dificultad de poder llevar una similitud y equilibrio al escribir el nombre de nuestra Asociación. La palabra “Daimiel”, incluso lleva un sombreado que hace destacar el nombre del pueblo al que representamos con orgullo por toda la geografía nacional.

El revés de nuestro banderín porta sobre un raso de color azul intenso el escudo de la ciudad de Daimiel bordado en oro, terciopelos y seda sobre fondo blanco. Una fila de lentejuelas de color blanco encuadran un castillo, ya que la villa surgió alrededor de la fortaleza edificada por los Calatravos para defenderse del ataque del Islam fronterizo de Sierra Morena y la colorada Cruz de Calatrava que es el signo identificativo de la Orden Militar de su mismo nombre.

     A finales del S. XV los Reyes Católicos nacionalizaron con el permiso del Papa las Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara y es por esto que sus escudos han de estar timbrados con una corona Real cerrada como ocurre en el caso de Daimiel, que el escudo lo completa una corona bordada en hilo de oro y para darle el realengo que tiene, son numerosas lentejuelas doradas, piedras blancas y rojas y una piedra de mayor tamaño de color blanco roto en la parte central y sobre esta una cruz formada por cinco piedras rojas, que son las que culminan el escudo Daimieleño.

Para rematar el conjunto final, cordón dorado y fleco de canutillo del mismo material.

Como curiosidad y a modo de historia, a este banderín que ha recorrido España entera mostrando el nombre de Daimiel y a su patrona, le acompañan coloridas cintas en su parte izquierda que son reconocimientos, premios, recuerdos y efemerides pero cabe destacar que en el año 2017 sobre este banderín recayó el reconocimiento más importante de todo el pueblo de Daimiel y que es concedido en los días previos a las ferias y fiestas patronales, y no es otro que la Medalla de Honor de nuestra ciudad. Esta declaración confirma la importancia de lo nuestro, del trabajo por mantener vivas nuestras costumbres, tradiciones y raíces y sobre todo por poner en valor el rico folklore daimieleño.

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