NO PODRÁN DETENER LA PRIMAVERA

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Manuel Molina

“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. Estas palabras del poeta chileno Pablo Neruda resuenan en mi cabeza desde que este bicho malo nos tiene encerrados bajo la escayola del techo. La ruleta laboral me ha dejado lejos de Daimiel, y entiendo y asumo con plena responsabilidad  que pasarán semanas hasta que pueda pasear por sus calles y besar a mi gente. Convencido estoy que esta es una batalla que ganaremos juntos y que cada minuto que pasa nos acerca al momento de respirar hondo frente a la puerta de la calle y salir a la luz.

Tal vez en casos extremos como este que nos ha tocado vivir, la pupila se cierra haciendo un filtro de lo verdaderamente importante y tira de la cuerda para que el globo aerostático pise pronto tierra firme. Recostado en el sofá observo los árboles que se balancean a través de la ventana y vuelven a mi memoria todos los recuerdos que antes no había valorado lo suficiente. Una mañana en bicicleta por el carreterín de las Cruces en el mes de Abril donde las flores pintan la tierra plana y ennoblecen los robustos encinares. El dulce sabor de un racimo de uvas recién cortado a pie del camino y su jugo caliente en el paladar. Las conversaciones cruzadas en una terraza de verano donde se ahoga la semana con copas de vino y luz naranja de farola. El sonido de los cubiertos mientras mamá prepara la paella del domingo entre cacerolas y cáscaras de almendra. Los abrazos sinceros al cruzar la calle o el aluvión de preguntas de las vecinas que te han visto crecer.

 Todo llegará, como llega siempre la primavera, pero creo que si algo debemos aprender de este bicho malo es a levantar el acelerador y detener el tiempo con los nuestros, ignorar la frenética rutina que nos rodea y valorar los detalles sencillos de la piel. Hasta ahora no había añorado con ansía un paseo tranquilo por la Plaza de España, un tinto en el Parterre y una larga conversación otoñal en algún banco perdido de La Estación. No dejo de dibujar en mi cabeza los rostros de la gente que he conocido desde mi infancia, añoro el no sentirme anónimo en ninguna esquina y las largas reuniones con los viejos amigos. Cuando el ánimo baja vuelvo a correr por la calle tras un balón gastado, a las interminables vacaciones de verano, a los sueños fraguados en el poyete de una casa y al suave tacto de las ancianas manos de mi abuela. Mientras estamos confinados esperando que pase esta tormenta, imagino el lento suceder de una primavera; las golondrinas volviendo a esos recovecos de tejados y balcones, las cigüeñas anidando en la torre de San Pedro y los campos verdes que el viento ondea como si fueran mares manchegos. Pronto esto quedará como un mal sueño, una nube negra de granizo que pasa y hace daño, pero que el sol termina siempre por deshacer regalándonos su colorido arcoíris.

#Quédateencasa

#Yomequedoencasa

#Juntosvenceremosalvirus

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