EL “TIZNAO” DE DAIMIEL, RICO, RICO DE VERDAD

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Raro es que las reuniones de familias o amigos, o ambas inclusive, no se salden con alguno de los platos rurales típicos de Daimiel. Platos calientes o templados de cocina campera o de corral, guisos de navajilla con buenas sopas de pan, sopas de “orejamula”,con el pan “sentao”,moreno o blanco, bien cargadas de este suculento condumio, ahora en invierno y con estos fríos, guiso que nos quita el hambre y nos proporciona calor, con flatulencias indiscretas incluso, cuando la tarde va avanzando y te metes entre luces.

Son varios los guisos populares a los que nos referimos, destacando un clásico al que dedicamos hoy este artículo gastronómico desde la dirección y el avío de nuestro gastrónomo de cabecera, experto guisandero, famoso en el mundo entero, Eduardo Lara. Y el guiso no es otro que el sabroso e intenso “tiznao”, especialidad estelar del bacalao aquí en Daimiel, manjar histórico y recurrido desde tiempos en que la llegada del pescado al centro de la península no era fácil, siendo los pescados en salazón los que perduraban en las llanuras de la Mancha.

“Tiznao”, un auténtico alimento, verdadera exquisitez, pleno de ingredientes naturales que maridan y cortejan a uno de los reyes de la mar, el bacalao. Con paciencia, humor y amor, nuestro Eduardo Lara, desde su conocimiento y buena mano en la cocina, elabora este “tiznao” hasta lograr ese sabor intenso, con personalidad, de matiz identificable…, pero que, si te metes una “panzá”, las pasas canutas, damos fé. En siglos anteriores, los componentes de este guisado se asaban con las ascuas de la lumbre, por lo que las “bolliznas” terminaban por caer sobre ellos, “tiznándolos”, de ahí el nombre de “tiznao”. Hoy día se puede realizar del mismo modo, si así se desea.

INGREDIENTES:

Ajos, pimientos choriceros, patatas, pimentón dulce o picante, aceite de oliva virgen extra, cebolletas tiernas, varias tajadas de bacalao salado, cominos y agua tibia.

ELABORACIÓN:

Asar las patatas enteras, los pimientos choriceros, los ajos sin pelar y la cebolleta también entera. Cuando estén asado, desmenuzamos todo en una cazuela de barro, añadiendo el bacalao también desmenuzado, el aceite y el agua, comprobando el punto de sal. El bacalao a su vez, también lo habremos asado, pero poco tiempo. Llegados a este punto, esperamos con paciencia a que se mezclen sabores, quince o veinte minutejos. El generoso bacalao comparte su sal con el resto de ingredientes, por lo que se consigue que el “tiznao” no sea un plato salado.

Es sin duda, un planto singular de nuestra tierra, gusta especialmente a casi todo el mundo. Y si sobra, al día siguiente, concentraico, está de preocupar. ¡Qué rico el “tiznao”, papa!

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