POLVORONES DE NAVIDAD

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Genial, divertida e inocente resultó la cita en el Teatro Ayala el día 28 de Diciembre, con motivo del Concierto de Navidad interpretado por la Banda Municipal de Música, en esta ocasión con fines humanitarios de taquilla a beneficio de Manos Unidas.

Con lleno hasta la bandera en palcos y patio de butacas, se presentó la nueva hornada de músicos juveniles, procedentes de la cantera musical de la propia Banda, iniciándose después un canto a la paz con Imagine de John Lennon para abrir boca y desperezar sentidos, pasando por Las Crónicas de Narnia hasta llegar a Pedro y el Lobo, cuento para narrador y banda, siendo el artífice del relato Braulio Molina López, saxo de la Municipal , que anduvo excelente en su papel de intérprete, buen comunicador sin duda, con buen juego de voces asignado a cada protagonista de la pieza musical, desde los animalicos hasta el abuelete y los niños, todo ello acompasado en la precisa medida con sus compañeros y el director. Cálidos aplausos en noche propicia para escuchar además El Rey León, de estribillo y parte central reconocible por el personal que escuchó con distinto talante el Himno a la libertad, del grupo germano Scorpions, con sonido de guitarra eléctrica en directo arropado por el viento y la madera de los músicos de la Banda, bien orquestada especialmente en este tema. El elegante director, bien que guiaba patio y palcos en el popurrí popular, Especial Navidad, participando el público con palmas y coros mientras la Virgen lavaba pañales, los peces bebían en el río o sonaban las campanas de Belén, campanas de Belén, con consabido ande, ande, ande, en fin, la marimorena. Puso colofón al concierto la esperada y tradicional Marcha Radetzky, con Pedro, todo elegancia y energía, según momento, marcando tiempos y potencia en las palmadas tan seductoras de esta fascinante composición de Johann Strauss.

Resultó un concepto diferente para mostrar y acercar la música a los daimieleños, con un concierto bien escogido para estas fechas, cómodo de entender y asimilar para todos. Los fervorosos y rotundos aplausos de los presentes resultaban “polvorones de Navidad para nosotros los músicos”, en palabras de su Director, quien nos invitó a degustar en el hall unas bandejas de estos dulces al término del concierto.

El bis de despedida fue La Sinfonía de los adioses, quedándose poco a poco el jefe de la banda  más sólo que la una, a pesar de sus arrumacos finales a los dos últimos clarinetes, ya que el resto de los músicos habían puesto pies en polvorosa, por grupos, en desbandada folclórica, con brindis de champán por cuenta de trompetas o confetis al aire por parte de trombones, un caos, y la sinfonía que sonaba cogida con alfileres… hasta que el señor director nos invitó a marcharnos, en el escenario no quedaba nadie…, por lo visto tenían prisa por cenar los instrumentistas…

Los incautos partidarios de la Banda allí presentes, no nos percatamos en ningún instante de la fecha y el momento tan propicio para dar una inocentada colectiva. No se nos alertó ningún sentido ante la broma de Pedro y sus burlones músicos, que nos tomaron el pelo a base de bien, aunque también nos divertimos unos y otros, los del escenario y los de palcos y patio. Menudos polvorones nos tenían preparados en el hall, anda que nos atragantamos…, pero como a falta de pan buenas son tortas, nos sirvieron otra ración de música a pie de vestíbulo, con receta de villancicos populares, tarareados, cantados e incluso bailados por el personal, apretujados como sardinas en lata, pero sin ganas de que aquello terminara, bajo los muñecos típicos de papel con brazos y piernas abiertas, que colgando desde las alturas nos recordaban la inocentada colectiva que acabábamos de recibir por parte de los traviesos músicos de la Banda y su Director. Aplausos finales para los músicos, sus particulares polvorones de Navidad.

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