CARLOS REDONDO, HISTORIA DE UN AMOR…

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… Como no hay otro igual, dando luz a su vida y avalándola después. Daimiel, Bogotá, Madrid, España, su voz – la voz de la Mancha –, su peregrinaje por la vida, su mujer, sus carpas, sus hijos, su ejemplo y su María José. En competencia con las figuras más refulgentes del canto en su época. Canto de tenores, voces del flamenco, canción popular, coplas de España. Emisoras de aquel tiempo propagaban a los cuatro vientos la singular voz del internacional daimieleño Carlos Redondo, nombre artístico producto del azar, Isidoro Rodríguez Madridejos para sus paisanos de Daimiel, con el mote local de “Pescaíllo”, nunca renunciado y siempre sobre el mantel. Carlos Redondo, el de “Somos de Daimiel”, con ochenta y cinco tacos a la espalda – “no lo digas muy alto” – se presenta con ganas e ilusión para dar a conocer su último trabajo apoyado por su familia. Coros, duetos y arreglos producto de ajustes caseros, todo queda en casa, pero pasen y escuchen el trabajo final de esta singular familia. Familia que canta unida, familia que perdura, familia que triunfa. Abuelo, padres y nietos dan fondo y forma a este volúmen musical, resumen de “Toda una vida”, así denominado este disco reciente, probable que dé paso a otros, no tiene por qué ser el último.

Anecdotario variado el despachado por el paisano Isidoro, con menciones frecuentes para Antoñita Moreno, Manolo Escobar, Julio Iglesias, Antonio Molina, Lilian de Celis… la “competencia” entre los que se hizo valer, regular la borriquilla. Y un fondo de sentido del humor propio de la persona inteligente que es. En la Casa de Cultura, cantamos sus boleros melancólicos, cargados de amor, los allí presentes, con su voz marcando personalidad, clase y todavía, potencia. Momentos de emoción, al tararear la concurrencia, con mezcla de edades, las entrañables letras de boleros o tangos, acompañado en el directo por sus hijos Tulio, Fernando o su nieta Alba, colaboradores en el álbum, que incluye además el tema ganador en los setenta del festival de la OTI, equivalente en Hispanoamérica al actual festival de Eurovisión.

Amor por la familia, amor por la música, amor por su pueblo, amor por el Teatro Ayala…, es de Daimiel y nos hizo cantar y sentir aquello de que “Somos de Daimiel”, entre sentidas palabras del alcalde y la buena comunicación de Braulio Molina, canalizador del emotivo y entrañable acto.

“Si tú me dices ven, lo dejo todo”, haciendo “Caminito” sin olvidar “La Bohemia” para “Volver”, tras cuarenta años de vida en común a proclamar su amor a su María José. Un “Te quiero”, que lo sepas, y que se entere todo el mundo. Más de cuatro lágrimas resbalaron por las mejillas de alguno, incluido el apuntador, más que nada por acompañar en emociones al sollozante protagonista. “Toda una vida”, da para mucho.

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