Cuaresma

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“Parece que es la hora, y no es la hora”, así, como lo hizo Antonio García Barbeito en 2010 en aquel famoso pregón hispalense, se podría definir por parte de los cofrades esta época y tiempo Cuaresmal que se nos viene encima; y es que comenzamos a soñar en la Semana más grande pero aún no la alcanzamos, ni la rozamos apenas con los dedos.

Pero Daimiel ya va a empezar a palpar, a sentir, a degustar su Semana Santa. No me digan que les explique el cómo se siente ésto, porque no sabría hacerlo, pero seguro mucha gente toma mis palabras como suyas.

Y es que nuestro pueblo en Cuaresma es reunión vecinal en torno a una sartén y Kilos de harina para dar sabor a antaño; es un viandante, bolsa en mano, cardado de capillos o cruces; es retoque de última hora de ese bajo que hace falta darle centímetros, porque el niño se ha hecho hombre, y sobre todo, es preparación espiritual para la gloria que está por llegar.

Se nos viene encima un calendario cargado de multitud de actos previos: Vía Crucis Cuaresmal, donde el Cristo de la Expiración bendecirá calles por las que probablemente jamás volverá hacer visita alguna. Charlas, exposición, ensayos varios, y cuando ya casi la rocemos con nuestras manos, ese pregón que nos anuncia en vísperas, que ya ha llegado, que la tenemos aquí. Y es que es una larga espera de un año, para quizás en un suspiro, verla como se aleja. Y así, en un bucle de sentimientos encontrados de esperas, de gozos, de anhelos, vivimos los daimieleños amantes de nuestra SEMANA GRANDE.

Expriman cada minuto del tiempo, que es efímero, siéntanlo como cada uno quiera dentro de su particular Cuaresma. Desde estas líneas de un humilde semanasantero daimieleño, sólo desearles una feliz Cuaresma 2018.

EEEEEOOOOO

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