AZULGRANAS

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En la reciente temporada futbolística, solemos ir a los partidos del Daimiel, disfrutando del espectáculo, acompañando a la afición con su ánimos al equipo y sintiendo sus colores. Esto es fútbol y todo lo demás son comentarios colaterales propios de este tan apasionante deporte, el más seguido y practicado en el mundo.

Todo esto viene a cuento del reciente conflicto catalán que estamos viviendo. El Fútbol Club Barcelona, un equipo puntero a nivel mundial, y con varias secciones deportivas dentro de su poderosa estructura, ha evidenciado en sus manifestaciones oficiales y exteriorizado en sus extraordinarias instalaciones el apoyo hacia el catalanismo que pregona el deseo  independentista. Y decimos desde aquí que qué tiene que ver el culo con las témporas, el deporte con la política. A lo largo de su historia, el club barcelonista ha ido escalando poco a poco hasta lograr las metas más altas en diversos deportes, siempre desde el espíritu sano, que es lo que impera en la competición, en busca de lograr el triunfo, la cima, la gloria para los mejores, en el terreno de la competencia ante el equiparable rival.

Pues ahora resulta que quienes acuñaran e infundieran la conocida expresión de “Barca, más que un club”, la han liado parda, porque acogiéndose a la susodicha expresión los independentistas utilizan a las claras el feudo y los partidos del Barcelona para pregonar sus ideales políticos, sabiendo la gran repercusión que ejercen como altavoces estos acontecimientos puramente deportivos. Esto genera, lo estamos viendo, fuertes controversias ente seguidores blaugranas de Cataluña, resto de España y numerosos países del mundo, que se encuentran con el “marrón” del separatismo enarbolado por los dirigentes azulgranas, erigiendo a la institución deportiva catalana como paladín del catalanismo secesionista, aunque haciéndose los tontos amparándose, según convenga, en la ambigüedad. Bendito disparate el ideado en su día por el genio o los genios que inculcaron lo de “més que un club”.

¿Y ahora, qué pasa con los millones de seguidores azulgranas, españoles y del resto del mundo, que se encuentran con este “marrón”?. Los hay que llevados por la indignación en caliente tras las vivencias actuales, han roto sus carnets, quemado sus camisetas o se han desvinculado del club catalán. Nosotros deseamos que la pasión y el sentimiento por los colores blaugranas, no lo anule el “marrón” que están trasladando los apocados directivos, que se muestran acobardados para transmitir a los cuatro vientos que una institución deportiva tan grande como el F.C. Barcelona, no puede caer en la demagogia propagandística de un objetivo político inalcanzable en la España y en la Europa actual.

El Barcelona es tan grande deportivamente que no necesita la soflama de “más que un club”. Lo máximo de los clubes deportivos pasa por la consecución de los títulos o trofeos en el estricto terreno de la competición. Lo demás, son zarandajas utilizadas por iluminados que pretenden dirigir la idílica república de “Alicia en el país de las maravillas”.

Ánimo, seguidores del Barca. El “marrón” que os han trasladado vuestros dirigentes, no os lo merecéis. La unidad del barcelonismo en torno a la institución deportiva que representáis, sin connotaciones políticas, debe prevalecer paralelamente a la unidad de España. Y el Barca ha de permanecer en su casa, porque como en casa en ningún sitio. Y la casa que acoge y cobija a todos, está en ese gran país que se llama España. Y nada más.

Con todo nuestro respeto, consideración y afecto para los aficionados del Barcelona.

 

EEEEEOOOOO

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