Las Caleras: Una manifestación de un modelo productivo tradicional en Daimiel (II)

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Durante el pasado año 2016 se han llevado a cabo una serie de actuaciones centradas en estos bienes integrantes del patrimonio cultural daimieleño. Aunque no se ha intervenido en todas las caleras existentes en el término municipal, sí que estos trabajos de carácter exhaustivo se han efectuado en algunas de las más representativas. Concretamente corresponde con los hornos denominados “Cordel de las Lagunas o Vereda de Escoplillo”, en la vía homónima, próximos a la carretera del P.N. de Las Tablas de Daimiel, entre las lagunas endorreicas de La Albuera y Escoplillo, así como en los dispositivos definidos como “Las Salinas”, colindantes a esta formación lacustre, y “Cordel de los Moledores”, cercanos a los anteriores y a la carretera CM-201 que une la localidad con Villarrubia de los Ojos.
Estas caleras documentadas presentan un patrón relativamente homogéneo, que es recurrente dentro de un ámbito geográfico más amplio. En líneas generales se trata de construcciones de sección circular que manifiestan una tendencia cilíndrica o cónica, en torno a dos metros de diámetro. Estas estructuras fueron levantadas a través de mampostería de piedra caliza careada y revestimiento de ladrillo macizo, llegando en ocasiones a aplicarse un enlucido de arcilla para aprovechar su carácter refractario. Se pueden distinguir dos partes en su composición arquitectónica, por un lado la existencia de un tramo inferior excavado en el suelo con el objetivo de evitar pérdidas de calor, mientras que sobre éste aparecía un sector “aéreo” que se configuraba desde la cota de rasante del suelo y que era recubierto con áridos (tierra y piedras), incluso con las propias cenizas salientes de las distintas hornadas productivas. Esta última operación facilitaba la consolidación de la edificación. Una salida denominada “boquilla”, era utilizada por el calero para ir introduciendo el material combustible que calentaba el interior.
Estos dispositivos quedaban dispuestos habitualmente en grupos, como son reconocibles en el paisaje, aunque cada uno de ellos fue explotado por una familia distinta. Se trataba de aprovechar espacios eficaces para el acceso a materias primas o para la instalación de los hornos.
 
Con respecto al proceso de elaboración de la cal se iniciaba con la obtención de la piedra caliza, que bien podía ser extraída de los campos adyacentes, o coyunturalmente horadando sobre vetas de roca caliza superficial. Una vez conseguidos estos elementos eran clasificados y organizados en hileras antes de introducirlos en el horno.
El procedimiento se efectuaba de abajo-arriba, comenzando a disponer los materiales desde la base de la estructura. De forma progresiva el interior se iba rellenando de piedras en forma abombada por aproximación de hiladas. Esta colocación se realizaba de manera ordenada, no sólo para generar un sistema resistente, sino también para que el calor producido por el fuego se extendiera de manera similar por toda la masa pétrea. Una maniobra funcional de este proceso consistió en establecer huecos entre las piedras con el objetivo de que las llamas se distribuyeran por toda la superficie y crear un “efecto chimenea”, ya que todos los materiales debían entrar en contacto con el fuego para una correcta oxidación por incandescencia. Esta actividad solía durar entre una o dos jornadas. Concluida esta tarea el siguiente paso era la combustión propiamente dicha. Para ello el fuego se tenía que mantener con una fuerza calorífica determinada, alimentándose de forma continuada en un proceso que podía durar entre 16 y 18 horas. Una vez calcinados los elementos los caleros dejaban pasar unas horas para que se enfriaran y el producto final estuviera listo para su uso, retirándolos en orden inverso al empleado inicialmente.
Esta actividad estuvo en plena vigencia hasta la década de 1960, pero a partir de esta fecha entró en un progresivo declive hasta que ya prácticamente quedó extinta a inicios de los 80. La desaparición de esta ocupación económica ha provocado el precario estado de conservación de buena parte de estas caleras, debido a la acción de agentes erosivos sobre inmuebles sin labores de mantenimiento permanentes, así como por su irresponsable utilización como áreas depositarias de residuos sólidos agrícolas y urbanos, como por desgracia se ha efectuado durante los últimos tiempos.
Por lo tanto, en este marco resultaba necesario llevar a cabo las actuaciones planteadas en la campaña de 2016, con el firme propósito de preservar y revalorización estos recursos tan valiosos de la localidad. Entre las operaciones efectuadas se ha desarrollado la retirada de la cobertera vegetal saliente o acumulaciones heterogéneas de fauna, la reparación del vallado perimetral, la eliminación de toda clase de residuos, como basuras, escombros, etc., o la rehabilitación de algunas partes de las estructuras de estos dispositivos.
Todas estas medidas han servido para mitigar el impacto de acciones externas e incívicas sobre estos recursos patrimoniales, y sobre todo conservarlos como un legado que estamos obligados a mantener y difundir para generaciones venideras.
 
Bibliografía:
ASTILLERO DIAZ SALAZAR, M.J. et alii (2000): Daimiel, del año mil al siglo XXI,Ayuntamiento de Daimiel, Daimiel.
FERNÁNDEZ-ESPARTERO, J.J. (2004): “Daimiel, Patrimonio Etnográfico”, en Actas del I Congreso de Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha, Valdepeñas, pp.331-348.
FERNÁNDEZ-INFANTES SÁNCHEZ-BERMEJO, M. (2013) “Recuperación y conservación de las caleras tradicionales de Daimiel”, II Jornadas de Historia de Daimiel, pp. 317-329.
TORRES MAS, M. (2013): “Azudes, presas y molinos: evolución histórica de estrategias hidráulicas en Ojos del Guadiana”, IV Congreso Interdisciplinar de Jóvenes Historiadores Los Lugares de la Historia, Universidad de Salamanca, Salamanca, pp. 1403-1420.

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